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  • Elia Giner

Operación Cupido

¡Hola!

Hoy escribo contenta… Tengo muchos motivos para estarlo: este sábado presento “Reflejos” en La Casa del Libro (¡un sueño hecho realidad!), “Reflejos” ha sido escogida por varios institutos como lectura obligatoria para 3º de la ESO, tengo ya programados varios “Encuentros con la autora” en esos institutos (cosa que me encanta, ya que me dan un “feedback” que vale su peso en oro)...

Pues sí. Sería una estúpida desagradecida si no estuviese contenta (y no lo soy, ¡ja,ja!). Pero hoy el motivo de mi alegría es otro…

¡Operación Cupido vuelve a fluir entre mis dedos!

Y esta es la mejor noticia del mundo, porque últimamente el tema me agobiaba un poco…

Os cuento: desde que se publicó “Reflejos”, había casi dejado de escribir. O sería más exacto decir que escribía intermitentemente: ahora escribo dos días, ahora lo dejo cuatro, ahora lo retomo otros dos, ahora lo dejo tres… Y a mí así no me sale nada potable. Yo necesito escribir todos los días, todos, sin fallar uno. Si no tengo esa constancia, la trama de mi historia pierde fuelle en mi cabeza, los personajes se enrancian, los diálogos salen poco naturales, como de cartón-piedra… Un desastre, vaya.

Pero claro, el tema de las presentaciones de “Reflejos”, la elaboración de la “Guía de lectura”, la promoción en institutos, el mantenimiento de mis redes sociales… Todo esto ha sido nuevo para mí, así que me ha quitado tiempo. Tiempo y, sobre todo, concentración. Estaba más pendiente de promocionar “Reflejos” que de acabar “Operación Cupido”, vaya.



Pero desde hace unas semanas, esto ya no me pasa. Retomé mi hábito de escribir todos los días, aunque solo fuese un rato. Los primeros días no es que hiciese gran cosa, pero ahí estaba, sentada frente al ordenador, perseverando… Y esta constancia sido como un “viagra literario” porque, poco a poco, la novela ha vuelto a cobrar vida en mi cabeza, hasta el punto de que salgo a correr con un post-it y un boli porque se me ocurren cosas de repente y las tengo que apuntar, ¡ja, ja!

A ver, a ver, tampoco es que ahora sea perfecta la cosa: sigue habiendo momentos donde pienso: “Uy, esto no está saliendo tan bien como “Reflejos”, o “¡A ver si voy a estar escribiendo un cagarro sin darme cuenta!”, pero hay otros en los que mis tripas me dicen que voy por el buen camino, y eso y el modo en que mis dedos vuelan por el teclado me tranquiliza (los cagarros no salen tan rápido, creo).

¡Qué bien! Así cuando me vuelva a preguntar mi editora (ya lo ha hecho, en varias ocasiones), podré contestar “la cosa marcha” en vez de carraspear y decir “mmm, ejem, pues… verás”.

¿Vosotros escribís? ¿Perdéis el hilo de la historia si no sois constantes, como me pasa a mí? Contadme, contadme… ¡Soy toda oídos!

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